- El cambio climático, la deforestación y la pérdida de hábitats están favoreciendo el dominio de árboles de crecimiento rápido.
- A medida que los árboles autóctonos son desplazados, la biodiversidad disminuye, la resistencia a las enfermedades se reduce y los bosques pierden capacidad de almacenar CO₂.

El eucalipto es un ejemplo de planta de crecimiento rápido.
Los árboles desempeñan un papel central en la vida en la Tierra: almacenan carbono, proporcionan hábitats, estabilizan los suelos y regulan los ciclos del agua. Sin embargo, los bosques del mundo están entrando en una nueva era marcada por la homogeneización, la pérdida de biodiversidad y el debilitamiento de su funcionamiento ecológico.
Así lo muestra un amplio estudio internacional publicado en Nature Plants, liderado por la East China Normal University y en el que ha participado el Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB). El equipo investigador analizó más de 31.000 especies de árboles de todo el mundo para ofrecer una visión global de cómo podrían cambiar los bosques en las próximas décadas en cuanto a composición, resiliencia y funciones ecológicas.
Los resultados indican que los bosques tenderán a estar dominados por especies de crecimiento rápido, mientras que las especies de crecimiento lento y más especializadas —a menudo autóctonas— corren un alto riesgo de desaparecer. Según Jens-Christian Svenning, profesor y director del Center for Ecological Dynamics in a Novel Biosphere de la Universidad de Aarhus y uno de los autores principales del estudio, esta evolución es especialmente preocupante para las especies con distribuciones geográficas muy reducidas.
“Hablamos de especies altamente únicas, concentradas sobre todo en regiones tropicales y subtropicales. Cuando estas especies desaparecen, dejan vacíos en los ecosistemas que las especies alóctonas rara vez pueden llenar, aunque crezcan rápidamente y se dispersen con facilidad”, explica Svenning.
El esqueleto de los bosques está amenazado
Las especies más amenazadas suelen ser árboles especialistas de crecimiento lento, con hojas gruesas, madera densa y gran longevidad. Estos árboles forman el esqueleto de los ecosistemas forestales. Son clave para la estabilidad del bosque, el almacenamiento de carbono y la resiliencia frente al cambio ambiental.
Si se mantienen las tendencias actuales de cambio climático, explotación forestal y perturbaciones humanas, los bosques estarán cada vez más dominados por los llamados “velocistas” de la naturaleza: especies con hojas ligeras y madera de baja densidad que permiten un crecimiento rápido a corto plazo. Entre ellas se encuentran diversas acacias, eucaliptos, álamos y pinos.
A pesar de su capacidad para establecerse y crecer con rapidez, estos árboles suelen ser más vulnerables a sequías, tormentas, plagas y otros choques climáticos. Como resultado, los bosques que dominan pueden ser menos estables y menos eficientes a la hora de almacenar carbono a largo plazo.
El estudio muestra también que cerca del 41% de las especies de árboles naturalizadas —aquellas que crecen de forma silvestre fuera de su área de origen— presentan rasgos asociados al crecimiento rápido. Estas características las hacen competitivas en ambientes perturbados, pero rara vez sustituyen las funciones ecológicas de las especies autóctonas.
Además, en paisajes sometidos a perturbaciones presentes y futuras, estas especies pueden intensificar la competencia por la luz, el agua y los nutrientes, dificultando aún más la supervivencia de los árboles autóctonos.
Las especies tropicales son especialmente vulnerables
La homogeneización de los bosques afectará de manera particular a las regiones tropicales y subtropicales, donde se concentra gran parte de la diversidad mundial de árboles y donde se prevé un aumento significativo del riesgo de extinción. Las actividades humanas son el principal motor de estos cambios.
Según Wen-Yong Guo, primer autor del estudio y profesor de la East China Normal University, muchas especies tropicales de crecimiento lento tienen áreas de distribución muy reducidas. “Esta limitación las hace extremadamente vulnerables: si sus hábitats son destruidos u ocupados por especies de crecimiento rápido, pueden desaparecer por completo”, explica.
La gestión activa de los ecosistemas es esencial
Mediante modelos que simulan escenarios futuros, el estudio indica que las especies ya naturalizadas se volverán aún más dominantes en las próximas décadas si no se adoptan medidas. Los autores subrayan la urgencia de frenar la pérdida de especies de crecimiento lento, con una gestión forestal más activa y una restauración de ecosistemas que priorice la diversidad funcional.
En este sentido, Josep Serra-Diaz, investigador Ramón y Cajal en el Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB), destaca:
“El estudio demuestra que la conservación de especies de árboles no es solo una cuestión de biodiversidad, sino que es clave para que los ecosistemas forestales puedan seguir funcionando en un clima cada vez más cálido y con mayores riesgos.
Es muy probable que la naturalización de especies de árboles continúe en los próximos años, pero debemos evaluar qué especies, a medio plazo y en un clima cambiante, pueden hacer que nuestros bosques sean más inestables. Debemos asegurarnos de mantener bosques diversos para afrontar los distintos riesgos”.
Acceso al estudio
El estudio, Global functional shifts in trees driven by alien naturalization and native extinction, publicado en Nature Plants, está disponible aquí.
